Ocho de cada diez personas opinan que estos contenidos deberían enseñarse de manera obligatoria.

Una clara mayoría de la población considera fundamental que la planificación financiera forme parte del currículo escolar. Según un estudio reciente, más de ocho de cada diez personas opinan que estos contenidos deberían enseñarse de manera obligatoria en los colegios.

La encuesta, realizada a más de 1.300 participantes mediante un relevamiento online, muestra un fuerte consenso sobre la necesidad de que niños y adolescentes incorporen herramientas para manejar el dinero, planificar gastos y comprender el funcionamiento de los instrumentos financieros. Sin embargo, solo una minoría afirma conocer programas educativos de este tipo ya implementados, lo que evidencia una brecha entre el interés social y la oferta educativa disponible.

El apoyo a la educación financiera se extiende de manera transversal, sin grandes diferencias entre edades, niveles socioeconómicos o regiones. Este respaldo se da en un contexto de transformación acelerada de los hábitos financieros cotidianos. Una proporción creciente de personas utiliza billeteras digitales y sistemas de pago con códigos QR, y para más de un tercio ya constituyen el principal medio de pago, por encima del efectivo y las tarjetas tradicionales.

Entre los jóvenes, la adopción de herramientas financieras es aún más marcada. Una parte significativa participa en inversiones como acciones, fondos de inversión, títulos públicos o activos digitales. Este uso temprano de instrumentos cada vez más complejos pone de relieve la necesidad de acompañamiento educativo que permita comprender riesgos, beneficios y responsabilidades.

A pesar de la expansión de nuevas alternativas, persisten prácticas consideradas más tradicionales o seguras, como el ahorro en moneda extranjera o los depósitos a plazo, que continúan generando altos niveles de confianza frente a opciones más volátiles.

El estudio también señala que la mayoría de las personas ya toma decisiones financieras relevantes en su vida diaria: elaborar presupuestos familiares, recurrir a ahorros o buscar ingresos adicionales son prácticas habituales. En este marco, la educación financiera aparece no como un concepto abstracto, sino como una herramienta clave para mejorar la toma de decisiones, reducir riesgos innecesarios y planificar de forma más eficiente la economía personal y familiar.